Viernes 20 de diciembre - Museos Vaticanos
Hoy nos tocaba conocer el Vaticano, así que nos tomamos el colectivo 280 hasta el puente Umberto I y cruzamos el Tiber para ver el frente del Castillo Sant'Angelo.
En otro viaje entraremos, por ahora nos conformamos con los ángeles del puente.
Ya con Pablo y Naty encaramos hacia la Plaza San Pedro, pero la entrada a los Museos Vaticanos es exactamente del otro lado y del otro lado es del otro lado, hay que caminar casi un kilómetro y medio hasta la puerta, así que si van por la visita guiada, recomendación, vayan directamente a la puerta del museo, que la Plaza San pedro la van a ver después, porque salen por ahí cuando termina la visita.
Los museos son una locura, la cantidad de obras que hay ahí adentro es increíble, arte griego, romano, flamenco, mapas, esculturas, pinturas, tapices enormes, de todo. Nosotros la visitamos con una guía en español, que incluía el acceso a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro.
Es una pavada decir que en la Capilla Sixtina uno queda embobado, es un lugar que no reviste descripciones. Es tan abrumador que uno se pierde en ese techo increíble de Miguel Ángel y no se da cuenta que todas las paredes están llenas de obras de Botticelli.
Y a la salida, recorrimos la Basílica de San Pedro, que es tan alta, tan grande y tan inmensa, que uno pierda completamente las perspectivas, de hecho, el guía nos señaló a un apostol en el techo y nos preguntó cuánto pensábamos que medía el palito que tenía en la mano, ¿treinta centimetros, cincuenta? , arriesgamos; nada que ver, el palito medía más de dos metros.
Pero, claro, tampoco se pueden sacar fotos...
Así que la maravilla de La Piedad de Miguel Ángel quedará sólo en nuestra memoria.
Después de tanta opulencia necesitábamos bajar a tierra, literalmente, así que después de mandarle una postal desde ahí a Macarena, nos sentamos a comer unos sanguchitos que habíamos llevado en los mismos escalones de la Plaza San Pedro, a la vista de esos señores de la Guardia Suiza vestidos de colores.
Caro quería conocer el Jardín de los Naranjos, que queda en la cima de otro de las siete colinas de Roma, el monte Aventino, así que para allá fuimos Cruzamos la villa del Priorato de Malta y llegamos a ese hermoso lugar, con una hermosa vista.
Pero lo más divertido de la visita fue conocer el “Buco della Serratura”, que es el orificio de la cerradura de un gran portón por el cual se puede ver, como si uno estuviera espiando, la cúpula de la Basílica de San Pedro. A la puesta de sol quizá sea el mejor momento para verla, como nos tocó a nosotros.
Y ese día sí, había sido extremadamente largo y las piernas ya pedían pista, así que después de una gran vuelta para descender del Aventino, pasando por la Pirámide Cestia junto a la Porta San Paolo, cada uno se fue para su casita a descansar.
En otro viaje entraremos, por ahora nos conformamos con los ángeles del puente.
Ya con Pablo y Naty encaramos hacia la Plaza San Pedro, pero la entrada a los Museos Vaticanos es exactamente del otro lado y del otro lado es del otro lado, hay que caminar casi un kilómetro y medio hasta la puerta, así que si van por la visita guiada, recomendación, vayan directamente a la puerta del museo, que la Plaza San pedro la van a ver después, porque salen por ahí cuando termina la visita.
Los museos son una locura, la cantidad de obras que hay ahí adentro es increíble, arte griego, romano, flamenco, mapas, esculturas, pinturas, tapices enormes, de todo. Nosotros la visitamos con una guía en español, que incluía el acceso a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro.
Es una pavada decir que en la Capilla Sixtina uno queda embobado, es un lugar que no reviste descripciones. Es tan abrumador que uno se pierde en ese techo increíble de Miguel Ángel y no se da cuenta que todas las paredes están llenas de obras de Botticelli.
Y a la salida, recorrimos la Basílica de San Pedro, que es tan alta, tan grande y tan inmensa, que uno pierda completamente las perspectivas, de hecho, el guía nos señaló a un apostol en el techo y nos preguntó cuánto pensábamos que medía el palito que tenía en la mano, ¿treinta centimetros, cincuenta? , arriesgamos; nada que ver, el palito medía más de dos metros.
Pero, claro, tampoco se pueden sacar fotos...
Así que la maravilla de La Piedad de Miguel Ángel quedará sólo en nuestra memoria.
Después de tanta opulencia necesitábamos bajar a tierra, literalmente, así que después de mandarle una postal desde ahí a Macarena, nos sentamos a comer unos sanguchitos que habíamos llevado en los mismos escalones de la Plaza San Pedro, a la vista de esos señores de la Guardia Suiza vestidos de colores.
Caro quería conocer el Jardín de los Naranjos, que queda en la cima de otro de las siete colinas de Roma, el monte Aventino, así que para allá fuimos Cruzamos la villa del Priorato de Malta y llegamos a ese hermoso lugar, con una hermosa vista.
Pero lo más divertido de la visita fue conocer el “Buco della Serratura”, que es el orificio de la cerradura de un gran portón por el cual se puede ver, como si uno estuviera espiando, la cúpula de la Basílica de San Pedro. A la puesta de sol quizá sea el mejor momento para verla, como nos tocó a nosotros.
Y ese día sí, había sido extremadamente largo y las piernas ya pedían pista, así que después de una gran vuelta para descender del Aventino, pasando por la Pirámide Cestia junto a la Porta San Paolo, cada uno se fue para su casita a descansar.




















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