Sábado 21 de diciembre - Visitando la casa de Nerón

Hoy sí que nos agarró la lluvia, el primer día realmente que cayó agua como era de esperar en Roma. Salimos con los tres paraguas, pero el temporal hizo que a mitad de día (cuando ya por suerte había amainado la tormenta) tuviéramos que tirarlos porque se habían hecho añicos los tres.
Nos tomamos el tranvía 3 y luego el subte hasta la Basílica de San Pablo Extramuros, donde está enterrado el apóstol San pablo y donde hay más oro en techos y paredes que en el edificio de Trump.

 

 

 

 


De ahí nos fuimos a la Domus Aurea, que es una excavación arqueológica en lo que fue el gran palacio de Nerón en pleno centro de Roma. Nerón fue uno de los emperadores más odiados de toda la historia romana. El señor, más allá de la imagen icónica de tocar la lira mientras se quemaba la ciudad, aprovechó el incendio del año 64 para expropiar un montón de mansiones semi destruidas por las llamas y construir la mansión más grande que se hubiera creado hasta entonces. Para darse una idea, lo que es ahora el Coliseo era sólo el lago interior de esa construcción. Cuando finalmente una revuelta lo “suicidó”, tomó el poder Vespaciano y en un ataque de populismo, mandó enterrar con piedras toda la mansión y construir arriba termas públicas . Lo que no sabía Vespaciano, o nunca se imaginó, es que al hacer eso justamente resguardó todo el legado de Nerón, ya que los siglos dieron cuenta de sus propias paredes y cuando descubrieron los restos de la casa de Neron, todo estaba impecable porque había estado bajo tierra. De hecho, nosotros recorrimos los pasillos, habitaciones y salones viendo frescos y pinturas. Dos cosas son muy interesantes de la Domus Aurea, una es la parte tecnológica, ya que tienen un sector con realidad virtual que nos permite pasear por la villa de Neron como si estuviéramos en el siglo I DC y otra es la parte artística, porque fue el origen de los grotescos que después Miguel Ángel impuso en el Renacimiento.

 

  

Caro había averiguado que en un shopping había un pedazo de acueducto, así que caminamos hasta el Rinascente, y efectivamente, ahí está el acueducto que encontraron cuando levantaron el edificio, y lo tienen resguardado atrás de unos gruesos vidrios.

 

Pablo se rindió al cansancio y seguimos nosotros cuatro, pasando por la Piazza Barberini con el Tritón de Bernini, la Iglesia de Santa María de la Concepción con la Cripta de los Capuchinos (que no entramos porque era un pilón de euros) hasta la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, donde queríamos ver el “Éxtasis de Santa Teresa” de Bernini. Bueno, no lo vimos, porque había un casamiento y los muy protocolares no nos dejaron entrar.


 



Así que seguimos camino hacia la Fontana de Trevi, pare verla de nuevo, pero esta vez de noche, que es un espectáculo aparte. Ahí nos separamos de Naty y nos fuimos caminando al departamento, pero antes comimos las pastas más horribles del viaje en Maruzzella, si pueden, evitenlo.

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