Lunes 30 de diciembre - Lago Como, cómo no!
Hoy nos tocaba
escaparnos de Milán para conocer uno de los lugares más lindos del norte de
Italia, y según George Clooney, del mundo, Lago Como.
Pablo y Naty no
iban a ser de la partida, así que salimos los tres, bien temprano, a tomar el
subte M1 hacia la estación Cadorna, donde nos tomamos el tren que nos dejó,
unos cuarenta minutos después, en la estación de Varenna.
Llegamos con más hambre que el Chavo de mochilero, así que ni bien nos bajamos, desayunamos en el bar de la estación de tren. Mala decisión, una atención pésima, calidad mediocre y precios altísimos, consejo, hagan algunas cuadras hasta el centro, que hay otros lugares mucho más bonitos y baratos.
Varenna es un
sueño, pueblito de postal, apoyado contra el lago y con su iglesia recortada
contra las montañas nevadas; y aunque esta descripción bien les valdría a todos
los pueblos que recorrimos ese día, Varenna es el que más me gustó. Encima nos
hicimos amigos de un pato, que casi se nos viene con nosotros a Milan.
De ahí nos
tomamos un ferry a Menaggio (sacamos un ticket cada vez que nos subimos a un
barco, en vez de un pase diario, porque era sensiblemente más barato de esta
forma, aunque por las corridas que tuvimos que hacer en Belaggio, tal vez
hubiera sido mejor pagar la diferencia).
En Menaggio
subimos y subimos hasta una iglesia donde había un hermoso mirador y después de
recuperar el gorro de Francisco, olvidado en otra iglesia, regresamos al muelle
a tomar el ferry a Bellaggio.
En Bellaggio
almorzamos y luego sufrimos toda la mala coordinación italiana de los ferrys
(no sé porqué, pero en todo el viaje, los únicos problemas de suspensión de
tramos o demoras fue en los ferrys). Cancelaron el barco que íbamos a tomar a
Como, pero nunca avisaron, después cerraron las ventanillas de venta de tickets
y nos mandaron otra, a seis cuadras de distancia, no una vez, sino dos veces.
Finalmente, pudimos tomar el ferry, pero dos horas más tarde, lo que hizo que
no llegáramos a ver Como de día, será una excusa para volver, pero en tren,
ningún ferry.
En Como, nos
tomamos el funicular de Brunate, la idea era ver el atardecer desde arriba,
pero llegamos ya casi de noche, después caminamos un rato por la ciudad de Como
y nos encontramos con el mercado navideño más copado de Italia, lo que quería Carolina
desde el primer día, un placer de colores, música y “vin brulé”.
De ahí a tomarse
el tren a Milán, donde nos encontramos con Pablo y Naty para despedirnos de la
ciudad de la moda tomando un aperitivo en la Gintoneria de David.

























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