Jueves 19 de diciembre - Esta vez sí, el Coliseo, guiado
Llovía. A eso de las 9 de la mañana, nos tomamos el colectivo 118 hacia las Catacumbas de San Calixto.
Sabíamos que íbamos a llegar temprano, pero pensamos recorrer las inmediaciones hasta que abrieran las puertas. Grave error, no hay inmediaciones. En esa zona son casi todas diferentes catacumbas, cercadas con grandes paredones y el colectivo nos dejó en una callecita flanqueada de dos altos muros y sin banquinas, por donde los coches y colectivos nos pasaban a escasos centímetros.
Por suerte, una mujer que trabajaba en las catacumbas se condolió de nosotros cuando nos vio pegados a la reja de la entrada y nos abrió varios minutos antes, los que aprovechamos para calentarnos con un par de cafés de la máquina automática que tenía el lugar.
Cuando llegó Pablo, comenzamos el recorrido en español por las catacumbas. Junto a un par de españolas, una de ellas claustrofóbica (¡¿A quién se le ocurre meterse en una catacumba siendo claustrofóbico?!), quien tuvo que abandonar la caminata a los pocos metros. (BTW, otro lugar que no te dejan sacar fotos)
El guía nos explicó para que se usaron las catacumbas y desmitificó la historia de que hubieran servido de refugio para los cristianos por la caza romana. Muy interesante recorrido.
De ahí, nuevamente en el 118 hacia el Coliseo, donde nos encontramos con Natalia, y posterior a mi pelea con los vendedores ambulantes, entramos al Coliseo y lo visitamos con una genial guía en castellano que nos llevó desde los pasajes subterráneos hasta las últimas gradas.
Le dimos una nueva vuelta al Foro Romano con algunas cosas que no habíamos visto el día anterior y entramos en la Iglesia Santa Francesca Romana, donde están los restos mortales de la misma Santa Francesca, detrás de una vitrina y que casi le da un soponcio a Natalia.
Y cuando estábamos saliendo, aún no del todo repuestos de la impresión, Francisco casi origina un incidente diplomático cuando se tropezó con una de esas grandes sogas rojas que hacen de valla y estuvo a punto de, con efecto dominó, tirar toda la hilera de soportes.
Volvimos a las escaleras de la plaza España, pero desde arriba, para bajarlas y caminamos hacia la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, donde está la estatua original de la copia que habíamos visto en las Catacumbas de San Calixto.
Y de ahí, al departamento, por un rico vino italiano y un puro cubano.
Sabíamos que íbamos a llegar temprano, pero pensamos recorrer las inmediaciones hasta que abrieran las puertas. Grave error, no hay inmediaciones. En esa zona son casi todas diferentes catacumbas, cercadas con grandes paredones y el colectivo nos dejó en una callecita flanqueada de dos altos muros y sin banquinas, por donde los coches y colectivos nos pasaban a escasos centímetros.
Por suerte, una mujer que trabajaba en las catacumbas se condolió de nosotros cuando nos vio pegados a la reja de la entrada y nos abrió varios minutos antes, los que aprovechamos para calentarnos con un par de cafés de la máquina automática que tenía el lugar.
Cuando llegó Pablo, comenzamos el recorrido en español por las catacumbas. Junto a un par de españolas, una de ellas claustrofóbica (¡¿A quién se le ocurre meterse en una catacumba siendo claustrofóbico?!), quien tuvo que abandonar la caminata a los pocos metros. (BTW, otro lugar que no te dejan sacar fotos)
El guía nos explicó para que se usaron las catacumbas y desmitificó la historia de que hubieran servido de refugio para los cristianos por la caza romana. Muy interesante recorrido.
De ahí, nuevamente en el 118 hacia el Coliseo, donde nos encontramos con Natalia, y posterior a mi pelea con los vendedores ambulantes, entramos al Coliseo y lo visitamos con una genial guía en castellano que nos llevó desde los pasajes subterráneos hasta las últimas gradas.
Le dimos una nueva vuelta al Foro Romano con algunas cosas que no habíamos visto el día anterior y entramos en la Iglesia Santa Francesca Romana, donde están los restos mortales de la misma Santa Francesca, detrás de una vitrina y que casi le da un soponcio a Natalia.
Y cuando estábamos saliendo, aún no del todo repuestos de la impresión, Francisco casi origina un incidente diplomático cuando se tropezó con una de esas grandes sogas rojas que hacen de valla y estuvo a punto de, con efecto dominó, tirar toda la hilera de soportes.
Volvimos a las escaleras de la plaza España, pero desde arriba, para bajarlas y caminamos hacia la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, donde está la estatua original de la copia que habíamos visto en las Catacumbas de San Calixto.





























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