Sábado 4 de enero- Estás todos locos los sicilianos!
Muy, pero muy
temprano, a las 4:30 de la mañana ya estábamos en camino, con las valijas,
hacia la terminal de micros, para tomarnos un colectivo hasta el Aeropuerto
Marco Polo, donde a las 6:55 partimos en avión hacia Catania en un vuelo
directo de EasyJet.
A las 8:40
llegamos puntual a Catania, retiramos el coche que teníamos reservado en Alamo
y salimos hacia la ciudad de Agrigento, ya tendríamos tiempo de conocer Catania
en unos días.
Pero en el
camino, Caro había averiguado que pasábamos cerca de la villa romana del Casale,
en la localidad de Piazza Armerina. Desde 1997 forma parte del Patrimonio de la
Humanidad de la Unesco y es famosa por su increíble colección de mosaicos,
perfectamente conservados porque los tapó una capa de barro en una inundación
antigua.
Así, que nos
desviamos algunos kilómetros y fuimos a visitarla. Realmente, si se pasa cerca,
vale la pena conocerla. Uno de los mayores mosaicos es de la escena de caza,
que escenifica la captura de animales terrestres y acuáticos como tigres,
leones, avestruces, antílopes, panteras, elefantes o jabalíes, que luego se
transportaban al Coliseo de Roma. Además, son increíbles los mosaicos Scena
Erotica que muestran a dos jóvenes besándose, y la Sala delle Dieci ragazze,
donde se representan a mujeres realizando actividades deportivas casi iguales al
voleibol actual, vestidas como si fuera bikinis.
Pasado el
mediodía, llegamos a Agrigento, dejamos las valijas en el apart hotel Isola Greca
y salimos hacia la costa de Realmonte, cerca de Porto Empedocle, para ver el
atardecer sobre la Scala di Turchi; que es una barda de roca caliza de un
blanco puro que erosionó el paso del tiempo, dándole la forma de grandes
escalones, además que era uno de los puntos más habituales para los
desembarques de los piratas sarracenos, de ahí su nombre.
Nos habían dicho
que el mejor momento era verla en el atardecer, pero que debíamos tener cuidado
con las mareas, porque si subía, nos íbamos a mojar para volver. Pero tuvimos
suerte, no sólo llegamos para la hora exacta en que el sol se escondió detrás
de los escalones blancos, sino que no nos mojamos nada, eso sí, primero, estacionar
sobre la ruta de cornisa fue un dolor de cabeza y subir después hasta el coche,
un dolor de piernas.
Regresamos a
bañarnos y fuimos a caminar hacia el centro histórico de Agrigento, que estaba
vestido de luces por las fiestas, hermoso pueblo.
Podríamos haber
cenado ahí mismo, pero Marco, el solícito propietario del hotel, nos había
recomendado hacerlo en el restaurante que iba siempre él con su esposa, y que
no era para turistas. The Trizzera Ristorante Pizzeria, una excelente
recomendación, con un ambiente familiar y muy, pero muy siciliano, más allá que
la comida estuvo genial y muy abundante. Eso sí, cuando les ofrezcan un
aperitivo, digan que sí, pero uno solo, que nos sirvieron dos vasos de amaro
que era para emborrachar a un cosaco, y teníamos que volver manejando al hotel.















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