Martes 31 de diciembre - Fin de Año en Venecia, ¡que topetitud!
Vuelta a hacer
las valijas, ¡que nos vamos a pasar Fin de Año a Venecia!
A las 9:45 salió el tren de la central de Milan y estábamos llegando a Venecia
pasadas las 12 del mediodía.
Por suerte
habíamos reservado, tanto nosotros como Pablo y Naty, dos departamentos muy
cerca de la estación de tren, lo que más costó fue cruzar el Ponte degli Scalzi
(se llama así por la iglesia de Santa María de Nazareth que está enfrente, que
es de los dominicanos, que andaban siempre descalzos) por encima del gran
canal, que sigo sin entender cómo no tiene un sendero liso para poder hacer
rodar las valijas.
Apenas nos
acomodamos, salimos derecho a caminar hacia la plaza San Marcos.
La verdad que ni me acuerdo dónde almorzamos, era una de las miles de plazas secas que tiene Venecia, lo que me acuerdo es que fue con vine brulé porque estaba fresco.
Las callecitas de
Venecia son increíbles, a veces tan angostas que sólo pasan dos personas entre
pared y pared, con vueltas y contra vueltas, consiguiendo que haya mil formas
de llegar de un punto a otro. Y cada dos o tres cuadras, un canal, con un
puente diferente y una vista diferente, realmente es una ciudad hermosa (pero
no tanto como Florencia, que si no les dije, es la ciudad más linda del mundo)
Eso sí, esta fue
la primera vez en el viaje que me pasó algo que no volvió a suceder, después de
caminar y caminar, pasar por el puente Rialto, que es una locura, y ver decenas
de canales, góndolas y gondolieris, cuando doblamos en una esquina nos
encontramos, de repente, en la plaza san Marcos, frente justo a la catedral de
San Marcos. Y me quedé helado. No pude hablar ni moverme por unos segundos. Fue
una sensación única de éxtasis y sorpresa al mismo tiempo, una sensación
maravillosa.
Ya sobre el atardecer pasamos por la librería Aqua Alta, que es una librería re
loca que tiene los libros dentro de góndolas y bañeras por, justamente, la aqua
alta, y con los libros mojados hicieron escaleras y bancos, un disfrute para
Francisco que le encantan las librerías.
Cenamos unas
pastas increíbles que hizo Naty (menú que felizmente repetiríamos varias veces
en ese departamento de Venecia) y salimos hacia el centro de nuevo, a ver los
fuegos artificiales y celebrar el Año Nuevo veneciano.
En algún blog
habíamos leído que en la Nochevieja, en Venecia, era una especie de segundo
carnaval, donde la gente usaba máscaras, así que durante la tarde habíamos
comprado una para cada uno y así salimos a caminar. Pero, algo falló. O nadie
había leído ese blog, o el que lo había escrito había tomado mucho cuando salió
en Fin de Año, la cosa es que a las cuadras nos dimos cuenta que éramos los
únicos enmascarados. Pablo no duró mucho, nosotros le hicimos el aguante al
ridículo, hasta que después encontramos otros desquiciados, que, o bien habían
leído el mismo blog, o carecían de tanta vergüenza como nosotros.
Después de pasar
los controles (y la botella de rosso escondida entre las ropas) nos pudimos
ubicar casi frente al canal y a las doce en punto empezaron los más largos,
maravillosos y vistosos fuegos artificiales que hayamos presenciado. Fue uno de
los brindis más memorables.

































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