Lunes 6 de enero - El sueño de Taormina


Seguimos sin conocer Catania, sacamos pasajes en micro a tres cuadras del hotel y salimos hacia Taormina, porque nos habían dicho que ir en tren era imposible, porque nos dejaba en la costa y el pueblo quedaba arriba de la colina. Y tenían razón.
Taormina es un lugar de ensueño, un pueblito en la punta de la colina, con un anfiteatro griego que si no es el mejor conservado, es lejos, el que más hermosa vista tiene.
Caminamos desde la Porta Messina hasta el Duomo de Taormina, y encontramos unos jardines y un callejón de no más de 40 centímetros de ancho.

 

 

 

 

 



Almorzamos en un bolichón subiendo una escalera que no recordamos el nombre, no hay forma, pero donde nos agasajaron con uno de los descubrimientos de Italia, el vino de almendras.


Después volvimos sobre nuestros pasos hasta la Porta Messina para descender caminando, por larguísimas escaleras y senderos, hasta la playa, hasta la Isola Bella, pero estaba cerrada al paso, no sabemos si por el horario o por la temporada. Eso no quito que disfrutáramos de sus hermosas vistas.
A la vuelta no lo hicimos a pie, era una tarea imposible, nos tomamos un funicular hasta la cima y de ahí, el colectivo de vuelta a Catania.

 

 

 


Al llegar al hotel, no sé si por las vueltas del colectivo o el cansancio de todo el viaje, yo me sentía horrible y mareado para seguir recorriendo la ciudad, así que compramos unos kebab a la vuelta del hotel, comimos en el patio y a la cama temprano.

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