Jueves 9 de enero - En tren nocturno a Salerno y ¡Pompeya!
El viaje en tren
merece algunos comentarios. Lo tomamos porque no había muchas otras
posibilidades directas para llegar hasta Salerno desde Catania, y si bien
habíamos leído que era imposible dormir por los ruidos, apostamos a que fuera
todo verso.
Ni muy muy, ni
tan tan, dormimos, Caro tal vez menos porque estaba preocupada de pasarnos de
estación, porque el tren terminaba en Roma y no en Salerno (aunque después
comprobamos que el guarda golpea la puerta bastante antes para que uno esté
listo), Francisco nunca se enteró de nada y yo, bueno, a mí me dieron ganas de
ir al baño en mitad de la noche. Cuando me desperté comencé a escuchar unos
ruidos de los más raros afuera.
Salí al pasillo y ni miré por las ventanas, a decir verdad, estaba bastante dormido. Fui hasta el baño de la punta del vagón y lo encontré ocupado. Esperé, y esperé y esperé. Al final me cansé y comencé a golpear la puerta, nada. Golpeé de nuevo, nada. De repente apareció un tipo por el pasillo y me dijo, en un inglés gutural, que mientras estuviera el tren sobre el ferry, no estaban habilitados los baños. ¿El tren sobre qué?
Salí al pasillo y ni miré por las ventanas, a decir verdad, estaba bastante dormido. Fui hasta el baño de la punta del vagón y lo encontré ocupado. Esperé, y esperé y esperé. Al final me cansé y comencé a golpear la puerta, nada. Golpeé de nuevo, nada. De repente apareció un tipo por el pasillo y me dijo, en un inglés gutural, que mientras estuviera el tren sobre el ferry, no estaban habilitados los baños. ¿El tren sobre qué?
Claro, nunca lo
habíamos pensado, ¿cómo creíamos que iba a cruzar el tren hasta la península
itálica si no había un puente para hacerlo? Ahí si me asomé a la puerta del
vagón, que estaban abiertas, y efectivamente, ¡el tren estaba arriba de un
barco enorme!
Habían dividido
los vagones en dos tramos, y estaban cada uno de ellos acomodados a cada lado
del ferry. Me bajé del tren, subí una escalera del barco y me encontré en un
enorme salón iluminado donde estaban todos los guardas reunidos, uno, al verme
desorientado, me indicó dónde estaban los baños y todo terminó armoniosamente.
Volví al diminuto
camarote (no lo había descripto, no debía tener más de dos metros de ancho, con
tres literas una arriba de otra a un lado y del otro una minúscula repisa. Más
las valijas, no cabía ni un alfiler más)
Y no, ni una foto sacamos ni del tren, ni del camarote, ni del ferry... Eso pasa cuando uno deja al fotógrafo articular en Venecia.
Y no, ni una foto sacamos ni del tren, ni del camarote, ni del ferry... Eso pasa cuando uno deja al fotógrafo articular en Venecia.
Y unos 45 minutos
antes de llegar a Salerno, como había adelantado, el guarda nos despertó para
que estuviéramos listas para bajar en la estación.
Llegamos a
Salerno a las seis de la mañana, ni el loro en la calle, por suerte el hotel
Plaza quedaba exactamente frente a la estación y el conserje que nos recibió se
condolió de nuestra cara de dormidos y nos dejó pasar a esa hora a la habitación
y descansar un poco más, esta vez en una cama en serio.
Descanso que
realmente necesitábamos, porque a las 10 ya estábamos saliendo de nuevo a
recorrer Pompeya.
Fuimos en tren desde Salerno hasta Popmpeya, y entramos por la parte de atrás, por el lado del anfiteatro.
Mal hecho, porque Pompeya es enorme, pero enorme de una enormidad alarmante. Si efectivamente se quiere recorrer en un día hay que llegar más temprano que nosotros y tener un recorrido premarcado, porque si no es imposible. Las visitas guiadas eran carísimas para nosotros tres solos, porque no cobran por persona, sino por grupo, y prorrateado, no convenía, así que fuimos en busca de una audioguía, pero… Las audioguías las alquilaban del otro lado de la ciudad, así que fuimos caminando hasta allá, para empezar ahí sí el recorrido.
No lo había
mencionado en el Valle de los Templos de Agrigento, pero Carolina tiene una
extraña y única habilidad que nos salvó de gastar más euros en audioguías, ella
puede, de una forma que no comprendo y me asombra, escuchar un texto hablado,
comprenderlo, asimilarlo y a la vez repetirlo en voz alta, todo al mismo
tiempo. Así que de esa forma recorrimos Pompeya, siguiendo el recorrido del
papelito que venía con la guía y con el compás de la voz de Carolina
explicándonos qué estábamos viendo.
Es inútil que
ahora haga un racconto de todo lo que vimos en Pompeya, como decía, es enorme,
y es muy movilizador. Por un lado está conservada toda la parte pública de la
ciudad, con sus templos y foros, con sus cantinas y sus burdeles, con sus
calles surcadas por las ruedas de los carruajes y sus veredas en sobre nivel
para evitar el barro de los carros, explicando cómo era la vida social en el
siglo II, hasta las casas y mansiones, lo que nos permiten imaginar
perfectamente cómo era la vida de las familias y de las personas.
Comentario aparte
son los calcos de las víctimas de la erupción del Vesubio, desde los grupos de
personas, a ese perrito, a esa madre estirando los brazos a su hijo a su lado,
son imágenes tridimensionales que nos transportan al horror de ese día y nos
conmocionan de una forma que es muy difícil de explicar.
O los burdeles, en medio de la ciudad, con las habitaciones justo al lado de la calle, con sus carteles sobre cada una de las puertas, mostrando diferentes posturas sexuales. Definitivamente el tabú sobre el sexo vino después de los romanos.
Y los mosaicos, los frescos, las decoraciones, si uno realmente hace el esfuerzo no cuesta mucho meterse en esos años antes de la erupción del Vesubio.
O los burdeles, en medio de la ciudad, con las habitaciones justo al lado de la calle, con sus carteles sobre cada una de las puertas, mostrando diferentes posturas sexuales. Definitivamente el tabú sobre el sexo vino después de los romanos.
Y los mosaicos, los frescos, las decoraciones, si uno realmente hace el esfuerzo no cuesta mucho meterse en esos años antes de la erupción del Vesubio.
A la noche, ya en
Salerno, fuimos a ver uno de los parques de luces característicos de la ciudad
en esas fechas. Dicen que personas de toda Italia viene a Salerno en estos días
para disfrutar de la noche amalfitana y de los espectáculos de luces en cada
rincón. Nosotros vimos el del zoológico en la Villa Comunale, impresionante,
además de todo el show de colores a lo largo del corso Giusseppe Garibaldi.
Además, la municipalidad, también para estos días, organiza recitales gratuitos
de diferentes bandas y cantantes y varias esquinas, entonces uno puede ir de
gira, de esquina en esquina, tomándose un aperitivo en cada lugar, para ir
escuchando recitales gratuitos al aire libre. Nosotros nos colgamos con una
banda que hacía un tributo a Queen que fue una verdadera locura.

































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