Jueves 2 de enero - En vaporetto a las islas
Hoy era un
excelente día para visitar las islas más lejanas de Venecia, porque iba a ser
un día a pleno sol y el pronóstico amenazaba lluvias para los siguientes días.
Así que sacamos un pase diario de los vaporetos y salimos a eso de las ocho
desde la Ferrovia C hacia la primera parada, Murano.
Llegamos re
temprano, antes de las 9, no había nadie, y recién estaban abriendo los
primeros negocios. Muy lindo Murano, tampoco la locura que nos habían contado.
Tal vez es por el consabido Síndrome de Stendhal, que uno ya, después de tantos
días de ver ciudades hermosas, empieza a perder referencia y pone la vara
muchísimo más alta que lo normal.
La cosa es que
caminamos bordeando los canales buscando una fábrica de vidrio donde pudiéramos
ver una demostración de cómo trabajan el cristal, finalmente conseguimos una en
la Vetreria Artistica Emmedue, porque justo caímos cuando les llegaba una
excursión con un montón de turistas de un hotel, así que nos sumaron, sino,
todas te cobran un mínimo de 7 euros por ver la demostración.
Pablo y Naty no
se quedaron, porque había que esperar casi media hora, pero después sufrieron
el “efecto ferry” de Italia, le suspendieron un vaporeto y el siguiente que
pudieron tomar fue uno que les dio tantas vueltas, que llegaron a Burano al
mismo tiempo que nosotros después de ver la demostración en Murano.
Y la demostración
estuvo ¡genial! Es increíble cómo trabajan esa bola de vidrio líquido para
convertirla en un florero de colores o en un maravilloso caballito de largas
crines. Fantástico.
Nos tomamos el
vaporeto, nos encontramos en Burano con Pablo y Naty y almorzamos unos
pescaditos fritos, riquísimos, en un lugar medio al paso en la Antica Macelleria
Rosso, y salimos a pasear por el pequeño pueblo, lleno de colores y aromas.
Después de
tomarnos un riquísimo helado sentados en el jardín de una casa que daba al gran
canal, volvimos al vaporeto y salimos hacia Lido, que es la famosa playa de
Venecia, que en invierno pierde algo de gracia para ser sinceros.
Para cenar, ¡las
pastas de Naty!




























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